Con cuatro películas en Cannes, dos en competición –The Beguiled, de Sofia Coppola, y The Killing of a Sacred Deer, de Yorgos Lanthimos-, y una serie entre los eventos especiales, Top of the lake: China Girl, de Jane Campion, Nicole Kidman es la reina del Festival. Y es que a sus 49 años, estatuaria y bellísima, la actriz australiana está en la cumbre de su carrera. “Soy muy afortunada de estar aquí. En realidad, no tengo necesidad de trabajar. Estoy muy feliz en mi matrimonio y con mis hijos pequeños, los cuales obviamente no han visto aun mis películas. No comparto con ellos esa parte creativa. Pero la actuación es mi pasión, por eso sigo aceptando propuestas y abriendo horizontes en mi carrera”, admitió ayer, en la masiva rueda de prensa donde defendió, junto al director griego, su segundo filme.

The Killing of a Sacred Deer es un thriller psicológico perturbador. Es el descenso al infierno de un cirujano especializado en cardiología (Colin Farrell) y su familia al crear un vínculo afectivo con Martin, un adolescente siniestro, cuyas consecuencias son desastrosas. “Debo ser un poco masoquista. Pero cuando escoges un director para trabajar, siempre te tomas riesgos. Yo sabía lo que estaba haciendo cuando acepte este papel”, señaló siempre sonriente Kidman. 

nicolekidman4Y añadió en medio de constantes flashes: “Los filmes de Yogos (The Lobster, Alps) no se asemejan a ningún otro. Amo trabajar con los cineastas que no tienen miedo de sobrepasar los límites. Además, siempre estoy abierta a tratar nuevas posibilidades y apoyar a la gente en la que creo, a realizadoras jóvenes como a Sofia (Coppola), y a Jane (Campion), a quien debo mucho porque prácticamente me descubrió como artista cuando tenía apenas 14 años”. ¿Una recomendación a las jóvenes actrices? “Averigua primero quien eres, cuál es tu verdad interior. Luego encuentra un mentor, alguien que te guie y te apoye. Actuar es parte de la exploración, de nuestra condición humana”, concluyó.

La otra película del día en Competición, también es macabra desde su título: Happy End. Una sátira sobre el punto de llegada, sobre un supuesto final feliz. El austriaco Michael Haneke, ganador de dos Palmas de Oro por The White ribbon y Amour, vuelve a echar mano de dos figuras francesas muy reconocidas, Isabelle Huppert y Jean-Louis Trintignant, para presentarnos esta gélida y lúgubre historia que narra el devenir de una familia burguesa, en Calais, muy ensimismada, indiferente a la crisis de los refugiados europeos que sirve de contexto. El abuelo, viejo y paralitico, pero completamente en sus cabales, contempla casi diabólicamente desde su silla de ruedas, el derrumbe general de la familia. La nieta pequeña, que acaba de quedarse huérfana, observa en silencio el absurdo comportamiento de los adultos. Definitivamente, en esta historia, cualquier fin solo puede ser siniestro.

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