festivaldecannes penelopecruz javierbardem alfombrarojaPor Daniela Creamer

Que la edición 71 marcará diferencia en la historia del Festival de Cannes se sabía ya debido a la nube de polémicas y cambios drásticos que la preceden desde hace algunas semanas: la radical separación de Netflix, el regreso del hijo prodigo Lars Von Trier (considerada aquí persona no grata por sus frases burlonas sobre el nazismo) y la diatriba judicial sobre el “Don Quijote” de Terry Gilliam, escogido como filme de clausura. Pasando, además, por la prohibición de “selfies” en la alfombra roja (norma ya infringida por las propias estrellas desde la gala inaugural) y la onda #MeToo, con combativos discursos en favor de los derechos de la mujer. No por nada en la mochila oficial entregada a la prensa junto a la acreditación, entre los catálogos se encuentra una nota con un número verde que invita a denunciar cualquier tipo de molestia o acoso sexual.

La preocupación que se vive en estos días (hoteleros y arrendatarios locales han admitido un cierto calo de ocupación para esta temporada después que se anunciara la selección de títulos llena de nuevos y desconocidos talentos con notable ausencia de Hollywood), ha hecho que por primera vez en la historia el delegado general del festival, Thierry Freamux, convocara rápidamente una rueda de prensa para explicar la necesidad de estos nuevos cambios, que incluyen no solo la amplia cabida a nuevos cineastas que merecen surgir, sino también la proyección simultanea de las películas en competición para la prensa y para las estrellas presentes en el Grand Theatre Lumiere, con el fin de evitar el efecto negativo de cualquier crítica anticipada.

Sobre las acusaciones que, en general, ha recibido últimamente el festival de “no ir al mismo ritmo de los tiempos modernos”, Freamux aclaro: “Las series televisivas son sobre todo industria. El cine, en cambio, es especial y en las salas debe permanecer como arte”. Con Netflix, admite, el dialogo sigue abierto: “Ha sido una pena renunciar al maravilloso “Roma”, de Alfonso Cuarón, filme rodado en México. Pero no podíamos incluirlo en competición pues en Francia hay leyes que obligan a que las películas vayan a las salas y después de tres años, a la plataforma. Y esto es un festival francés”. Irónicamente, el éxito o el fracaso comercial del gigantesco Marche du Film que alberga este festival dependerá en gran parte de la voluntad del propio Netflix en adquirir con jugosos cheques sus películas a los distribuidores.

Pero todo aquí es posible, porque Cannes es Cannes, y sigue siendo sin duda alguna el certamen cinematográfico más prestigioso y glamoroso del planeta. Así, en su alfombra roja resplandecieron en estos días los protagonistas de la muy esperada película inaugural “Todos lo saben”, extraña conjunción artística entre la pareja más universal del cine español -Penélope Cruz y Javier Bardem-, el actor argentino de mayor reconocimiento internacional -Ricardo Darin- y el doblemente oscarizado director iraní Asghar Farhadi, quienes fueron el centro de los paparazzi. El welcome oficial a esta kermesse del séptimo arte que durara doce jornadas lo dio la actriz Cate Blanchett, presidente del jurado de esta edición. Junto a ella, Martin Scorsese, saludado con una larga ovación de los presentes, y quien recibió en el espacio de la “Quincena de los realizadores”, el reconocimiento del Carruaje de Oro por su valiosa labor en la restauración de las cintas clásicas más relevantes del cine. ¡Que siga, entonces, la fiesta!

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