ladybird 2«Lady Bird» ganó el Globo de Oro a mejor película de comedia y sin embargo su directora, Greta Gerwig, no estaba ni nominada en su categoría. A sus 34 años, esta cineasta californiana de ascendencia alemana está dispuesta a convertirse en el nuevo icono outsider entre la élite de Hollywood. Ya era un referente como musa del movimiento «mumblecore» con películas como «Frances Ha» y se consagró como estrella del indie comercial tras protagonizar títulos como la imprescindible y olvidada «Mujeres del siglo XX» o «A Roma con amor» (aunque a Woody Allen no se le puede categorizar).

Criada en el mundo del teatro, su rostro absorbe todas las características de ese movimiento de nombre impronunciable: el «mumblecore» era ese cine rodado con cuatro duros, actores novatos e historias de jóvenes entre veinte y treinta años que buscan su sitio en un mundo cuyos referentes culturales son de la anterior generación y con una mirada nostálgica y naif a unas relaciones (de amor, amistad, laborales) que parecen no cuajar.

Y con todo ese bagaje, Greta Gerwig escribió y dirigió «Lady Bird», la historia de una adolescente en su último año de instituto que quiere abandonar su pueblerino sacramento para instalarse en Nueva York. Un trabajo con el que quiere hacer historia en los Oscar, donde opta a mejor película, dirección y guión, y además sus protagonistas, Saoirse Ronan y Laurie Metcalf, están nominadas a mejor actriz principal y de reparto. «Cuando eres adolescente, tu vida está organizada en torno a años académicos. El último año de instituto arde con intensidad y desaparece tan rápido como ha emergido. Hay una cierta intensidad especial en los mundos que llegan a su fin. Hay un sentimiento anticipado de pérdida, de «últimos». Es así tanto para padres como para hijos. Es algo bello que nunca antes habías apreciado y que termina justo cuando por fin lo entiendes. El modo en que el tiempo se escapa es un tema central de la película, con cada escena precipitándose sobre la siguiente. No podemos detenerlo», explica la cineasta en las notas de la productora.

La película se sitúa en 1992, y entre la profundidad de su mensaje –que recuerda al último tramo de «Boyhood»– y la fuerza de su puesta en escena, se cuela algún ramalazo de comedia adolescente pero vista desde el futuro, como si cualquiera se pusiera a contar sus anécdotas de instituto pero en lugar de contar lo que el cine americano acostumbra –fiestas en grandes casas, sexo en los baños del instituto, malotes saliendo con animadoras– se narraran lo que realmente sucedía: el patetismo de las primeras relaciones, el miedo a lo desconocido, la sensación de que todo es nuevo y al mismo tiempo que todo se acaba. Y eso es lo que cuenta Greta Gerwig, plagado, por supuesto, de referencias a iconos contraculturales propios de la edad y que nunca aparecían en las comedias de aquella época.

La relación madre-hija
Una de las escenas sobrecogedoras de «Boyhood», de Richard Linklater, llega cuando la madre sola en casa rompe a llorar al ver cómo su hijo ha crecido y ya vuela solo hacia la universidad. Ese mismo aroma se respira en «Lady Bird»: «La relación madre-hija es la historia de amor de este proyecto. Durante bastante tiempo, el título de la película fue "Madres e hijas"», explica Greta Gerwig.

«Normalmente, en las películas sobre adolescentes, la historia se centra en un chico: el príncipe encantador, la respuesta a todos los problemas de la vida. Y a mí no me parece que la vida real sea así, en absoluto», remata la cineasta, que continúa, «la mayoría de las mujeres que conozco mantienen una relación infinitamente bella e increíblemente compleja con su madre durante la adolescencia. Quería hacer una película que pusiera eso en el centro, en la que pudieras sentir empatía por ambos personajes en cualquier momento. El romance entre una madre y una hija es uno de los más complejos que conozco», remata.

De dónde sale «Lady Bird»
El nombre de la protagonista es el nombre del título del filme. Bueno, un nombre que no es tal; es su apodo, autoimpuesto con orgullo, y que la define como persona. «Rebautizarse es a la vez un acto creativo y religioso. Reclama autoría y es un modo de dar con tu auténtica identidad creando una nueva. Es una mentira al servicio de la verdad. En la tradición católica, te dan un nombre de confirmación, para llamarte como un santo al que quieras emular. En el rock and roll, escoges un nombre totalmente nuevo (David Bowie, Madonna, etc.) para situarte en una esfera mítica superior», reflexiona la cineasta.

«Muy al comienzo del proceso de escritura, me topé con algo que no era capaz de superar. Dejé todo de lado y escribí en la parte superior de una página en blanco: “¿Por qué no me llamas Lady Bird? Prometiste que lo harías”. Quería llegar a conocer a esa chica que le pedía a todo el mundo que la llamase por ese curioso nombre. El origen del nombre es un misterio. Nunca lo había pensado antes de escribirlo. Me gusta cómo suena. Transmite desenvoltura. Es antiguo. Escribir este guion fue mi modo de llegar al corazón de esa chica. Más tarde, recordé la rima de ese poema infantil: “Ladybird, ladybird, fly away home” (Mariquita, mariquita, vuela a tu casita). Es sobre una madre que vuelve a casa para asegurarse de que sus hijos están bien. No sé cómo se nos quedan esas cosas en el cerebro, o por qué salen de repente cuando menos te lo esperas, pero parece ser una parte esencial del proceso creativo en mi caso: el desarrollo inconsciente de algo que sabes sin realmente saberlo», concluye Greta Gerwig en la entrevista facilitada por Universal


Fuente: http://www.abc.es

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