markhamill starearsNi los espectadores que hicieron cola en 1977 para descubrir los orígenes de aquella lejana galaxia ni los que han visto la saga en una pantalla plana quedarán decepcionados con «Star Wars: Los últimos Jedi». No es tanto mérito del director como que el Episodio VIII está calculado al milímetro, plano a plano, para mantener una fórmula millonaria. Mark Hamill, el actor detrás de Luke Skywalker, describió como «atrapar un rayo en una botella» el «milagro» que George Lucas logró con «Una nueva esperanza». Cuarenta años después, aquella magia es industrial: diseñada, procesada y distribuida desde las entrañas de Disney para un mundo, el de los seguidores de «Star Wars», a los que la compañía va a alimentar con una nueva película en forma de secuelas y «spin-off», año a año, hasta que no quede nada por exprimir.

Sin destripar los secretos que esconde el Episodio VIII, que se estrena este viernes, se puede hacer un paralelismo con la línea argumental de «El imperio contraataca», aunque con menos oscuridad. Y, al igual que el Episodio V, la nueva entrega soporta el peso de cualquier segunda película en una trilogía: dejar todo preparado para la batalla final.

 El título -«The Last Jedi»- da una pista inequívoca sobre el futuro de la «Resistencia» (la «Alianza Rebelde» en la trilogía inicial) que ve cómo su poder, en número, va decreciendo ante el avance marcial de la «Primera Orden» (los herederos del «Imperio») y cómo deben buscar una «nueva» esperanza. Un título que además deja una contradicción comercial: el miedo que tiene la distribuidora a que los periodistas filtren antes de tiempo la trama se deshace en el título y el tráiler, que resuelven, en dos minutos, muchas de las batallas que se ven en las primeras secuencias de las dos horas y media que dura esta entrega.

Hay una idea que se enfatiza durante toda la película, y es la necesidad de que los jóvenes den el paso para llevar el estandarte que antes enarbolaron los héroes de las anteriores batallas. Un relevo obligado por las circunstancias, tras la pérdida repentina de Carrie Fisher y un Mark Hamill que dudó en sumarse de nuevo a la saga porque, adujo, «nadie querría ver a los protagonistas correteando con 60 y 70 años».

carriefisher starwarsLa princesa Leia transmite a sus subordinados que su final «está cerca». Algo similar hace Luke Skywalker. Hay una escena -que no desvelaremos- que, conocido el fallecimiento de ella, se convierte en un homenaje a la actriz.

El director Rian Johnson, bajo la tutela de J.J. Abrams, cerebro de esta trilogía, procura batallas espaciales y terrestres al mejor nivel de la franquicia. Pero lo más destacado del Episodio VIII, lo que más profundidad ofrece, es la relación entre Kylo Ren (Adam Driver) y Rey (a la que da vida la joven Daisy Ridley), que demuestran que entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, apenas hay un centímetro de distancia. Por contra, los secundarios, John Boyega y Kelly Marie Tran, que cumplen con la diversidad racial que no estaba en las películas originales, ofrecen una subtrama fallida.

starwars porgLa película presenta a los «Porgs», una nueva y adorable criatura, a medio camino entre búho y cría de pingüino, que no aporta nada en la franquicia salvo hacer ganar millones de dólares a Disney como regalo para esta Navidad.

Benicio del Toro y Laura Dern se incorporan a la saga. Del Toro debuta como el misterioso hacker DJ, «un personaje que parece salido de una canción de Bob Dylan». Dern se une a la franquicia como la vicealmirante Amilyn Holdo, líder de la Resistencia, mientras que la joven Kelly Marie Tran llega a la galaxia como la mecánica Rose Tico

Fuente: abc.es

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