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Tras algunas películas de argumentos serios, Steven Spielberg, el maestro de la imaginación y la fantasía, regresa, a sus 70 años, a despertar al niño que tenemos todos en nuestro interior con la magia que emana de su cine. “La imaginación es una fuga de la realidad. Pero al mismo tiempo podría ayudarnos a hacer de este mundo algo mejor. Cada uno debería trabajar más en ello para ser menos egoísta y ser más partícipes socorriendo a la humanidad”, explicó el cineasta en esta entrevista en exclusiva para La Revista de El Universo, en uno de los salones del icónico Hotel Carlton, en el Festival de Cannes, acompañado de su pequeña protagonista Sofía, encarnada por Ruby Barnhill, su nuevo descubrimiento infantil, desenvuelta y sagaz, de apenas 10 años de edad.

Spielberg, encantador y cálido, con su chaqueta azul intenso, pantalones rojos, corbata de rayas coloridas y zapatos deportivos, demuestra merecerse cada vez más el apodo de Rey Midas de Hollywood, por ser uno de los cineastas más influyentes del séptimo arte, quien bien podría ser considerado el Walt Disney de hoy.

En la Croisette invoca una de sus grandes obras: “En 1982 vine al festival con E.T., el mismo año en que Roald Dahl (Los Gremlins, Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda…) publicó su libro BFG, El gran gigante bonachón, que acabo de llevar ahora a la gran pantalla y que sedujo a la crítica en Cannes. Es una obra optimista y llena de esperanza, que cautivó mi infancia y la de mis hijos. Obra del destino”.

En efecto, Spielberg se ha convertido con esto en el gran “gigante amigo” del público universal.

En la ficción, que gracias a la técnica de captura mezcla personajes animados con actores de carne y hueso, Spielberg pierde la dimensión. El BFG, El buen amigo gigante, como se titula su nueva aventura cinematográfica, fuera de competición en Cannes, tiene 7 metros de altura, mientras sus coterráneos lo subestiman porque ellos tienen entre 12 y 16 metros. Además, son malvados y se nutren comiendo niños en el país de los gigantes. Irónicamente, él debe proteger incondicionalmente a una niña londinense que ha capturado una noche fría en el orfanato.

Será la pequeña Sofía quien lo conduzca al Buckingham Palace para pedir ayuda a la Reina Elizabeth y acabar con la banda de infames. En el encuentro cara a cara con Spielberg, impresionan la calidez de su trato y su modo tan personal de vivir la madurez sin dejar de ser niño… un niño travieso.

¿Cómo logra plasmar la magia en las películas a pesar de la crueldad de la realidad?

Las películas mágicas te hacen huir de la realidad, hasta cuando terminan. Luego regresas al mundo real. Te llevan a soñar y a usar la propia imaginación. Deberíamos hacer uso de ellas para mejorar la humanidad, para llevar a la gente a un mundo menos egoísta y ocuparnos para ayudar a resolver los problemas ajenos.

¿De dónde nace su inspiración?

Es un don que llega y me arrebata. No se construye ni tampoco sé de dónde proviene. Más bien me duele mucho su ausencia. Nada puedo crear hasta que llega.

Usted, sin duda, tiene el don de la creatividad…

Pienso que todos somos creativos en igual modo. Y yo no lo soy ni más ni menos que muchos otros. Probablemente los demás no han tenido el tiempo de sumergirse en ella. Pero es un don que considero tenemos todos desde que nacemos. Algunos la encuentran más rápidamente que otros. Hay quienes no la encuentran nunca.

Se habla de un quinto episodio de Indiana Jones. Cree que así como el personaje de Harrison Ford, Han Solo, murió en Star Wars, ¿debería ahora desaparecer también en esta saga aventurera?

No. Absolutamente no. Él no puede morir jamás. (risas) Pero prefiero no hablar mucho del próximo filme porque es aún todo un misterio.

El hecho de que este mundo esté invadido por la alta tecnología, ¿ha influenciado su modo de expresar la fantasía?

No, por el contrario. La tecnología me ha permitido plasmar e ilustrar cosas más reales y provocar emociones más fuertes. Técnicamente no hubiésemos sido capaces de capturar las acciones de Harrison Ford en Star Wars, por ejemplo, y no hubiese sido posible hacer estas películas tan solo hace siete años. En realidad la gente se sumerge y se involucra tanto en los personajes y en sus aventuras que ni siquiera presta atención a la tecnología que esto conlleva.

Su gigante es una especie de alquimista de los sueños, para luego implantarlos en el subconsciente de la gente. ¿Cuál tipo de sueño hubiese usted querido que él le elaborara?

Mi sueño es llevar a toda la gente que está en desacuerdo en el planeta a vivir en armonía, y que ya no haya más diferencias entre ellos. Obviamente, quisiera vivir en un mundo lleno de paz. Sin más guerras, sufrimientos, dolor y torturas.

¿Su peor pesadilla?

Siempre he padecido del terror de las persecuciones de grandes animales, como los dinosaurios o los osos enormes. Y este pánico lo he traspasado a mis películas. Escribo y elaboro todo basado en mis sueños, por eso son tan intensas y fantasiosas.

¿Por qué sus protagonistas son casi siempre niños desamparados, solitarios, con carencia de amor que al final logran redimirse?

Porque no me gustan los filmes dramáticos. Por ello mis películas siempre ofrecen una buena solución para un buen final.

¿Esto tiene relación con su infancia? ¿Cómo la recuerda?

Yo no era un niño normal. Era un niño muy impaciente y muy débil. He sido más razonable como adulto que como niño. Cuando iba a los restaurantes con mis padres, siempre invadía las otras mesas y picoteaba de la comida ajena. Mis padres se avergonzaban mucho de mí y no sabían qué hacer. Era muy inquieto y no aguantaba ni dos minutos seguidos en una silla. Era un bribón. Ahora me comporto mejor (risas).

A través de algunas de sus películas, Amistad, Saving private Ryan, Lincoln…, reconstruye parte de la historia norteamericana. En estos tiempos complicados y sombríos, ¿cómo dirigiría un filme sobre el futuro de la humanidad?

Si tuviera que hacerlo, sería muy optimista. Lo soy siempre. Mientras peores son los tiempos, más necesitamos de magia y fantasía. La humanidad es inteligente y sagaz y tiene una profunda inteligencia emocional. Sería muy diferente si nosotros tuviésemos líderes que nos permitieran hablar unos con otros y pudiésemos resolver nuestras diversidades ideológicas, religiosas, políticas y culturales. Determinaríamos las motivaciones que nos llevan a matarnos entre nosotros y quizá podríamos encontrar las soluciones para que la raza humana dialogue y sobreviva. Esto tiene que suceder antes o después.

Nace una actriz

Ruby Barnhill es la joven actriz que hace su debut en Hollywood en la adaptación de Steven Spielberg, El buen amigo gigante.

En televisión la actriz inglesa, nacida en 2004, ha aparecido en la serie de 2012, 4 O’Clock Club. Steven Spielbreg dice: “La niña es muy despierta, inteligente, madura y habla con mucha seguridad. Pequeña, pero grande en su proceder. Todos nos quedamos muy impresionados con ella. Su actuación es muy tierna, sobria y sabia. Llegamos hasta a decir que es tan lista que parece la nueva Jodie Foster.

Ruby en cambio se refiere al cineasta: “Para mi ha sido un gran honor haber trabajado con Steven (Spielberg), pues con su maestría cinematográfica sabe de verdad como hacer feliz a la gente. Niños y adultos. Lo admiro profundamente”.

“Estoy de acuerdo con Steve sobre la importancia de la fantasía. Es un recurso mágico para ayudar a resolver los problemas del mundo, mandando un mensaje optimista a la humanidad y arrancando las mejores sonrisas”, comento Barnhill.

 Publicado por: http://www.larevista.ec/actualidad/gente-de-cine/la-revista-converso-con-steven-spielberg-el-gigante-de-cannes

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